Hubo un antiguo doblamiento en el barranco de la Hoz, partida también conocida como Piedras de la Hoz, dentro del término de Corbalán, y a finales del siglo XVI, a escasos kilómetros del núcleo urbano actual, fue descubierto otro asentamiento rural anterior.
Sin embargo, el pueblo actual se estructuró en una suave ladera, protegida de los vientos del Norte y del Este por los montes próximos, distribuyendo el casco urbano en ambas márgenes del barranco de Corbalán, del que sin duda tomó el nombre.
En principio, perteneció a la comunidad de aldeas de Teruel, sesma del río Cella, y posteriormente fue sobrecudilla y vereda de Montalbán y corregimiento de Teruel. Tras formar su propio Ayuntamiento, en 1834, experimentó una creciente densidad demográfica, hasta el punto de que en 1857 llegó a censar 453 habitantes, y embocó el siglo XX con 446, que mantuvo prácticamente hasta la guerra civil de 1936.
Actualmente, el censo se mantiene en 126 habitantes, con ligeras variantes -en 1983 registró 118- y es de esperar que se estabilice su población, empeño siempre difícil en ls parameras turolenses.
El casco urbano de Corbalán parte en descenso de la cota máxima de la ladera, donde se levanta la iglesia parroquial de San Pedro apóstol. Sobre la fundación del templo, recojo estos valiosos datos aportados por Juan José Polo Rubio: “El día 17 de diciembre de 1589, Jaime Ibáñez, notario de la curia episcopal, y Jaime Dolz Espejo, vicario general de la diócesis, se trasladaron al pueblo de Corbalán. Sus habitantes habían manifestado verbalmente sus deseos de erigir un nuevo templo parroquial. El notario y el vicario general realizaron la inspección ocular “in situ” para buscar el lugar más idóneo. La casa de Francisco García y los arreñales circundantes fueron señalados como el área mejor situada para levantar la parroquia, y Juan Auger, notario y habitante de Corbalán, acompañaron a los visitantes en su recorrido. Los cuatro, de mutuo acuerdo, convinieron en la elección. El deseo, plasmado en acta jurídico-notarial, no tardó mucho tiempo en hacerse realidad.”
El edificio fue construido de mampostería y cantería, utilizando el ladrillo únicamente para el alero y el cuerpo superior de la torre. Las obras terminaron en 1593, año que aparece grabado con caracteres arábigos en la parte inferior del pequeño frontón de la portada.
En los documentos de la época se menciona la nueva parroquia, pero en nada se alude a la anterior. La actual, la que ha llegado a nuestros días, es obra gótico-renacentista, de una nave cubierta de crucería estrellada. Cabe destacar la espléndida portada de estilo plateresco, dividida en dos cuerpos, el superior rematado con tres hornacinas y el consabido frontón de cierre. El primero corresponde a la puerta de acceso al templo, con arco de medio punto y dos columnas viñolescas adosadas, una a cada lado. La portada aparece cubierta, a modo de antepórtico o atrio, por bóveda de crucería.
La torre se levanta a los pies, en el lado de la epístola, y sube esbelta con tres cuerpos de mampostería y el cuarto de ladrillo, de estilo mudéjar. Cuentan que antaño había dos campanas y un campanito, pero después de la guerra sólo hay una, de nombre Juanita, además del reloj y un campanito también.
Desmantelado el templo en 1936, tan sólo se conserva del siglo XVI la pila del agua bendita. A nuestros días ha llegado asimismo un lienzo de San Agustín y San Francisco (siglo XVII) y parte de un retablo dieciochesco.
Anterior a la iglesia es la ermita de la Virgen del Castillo, que se levanta en una loma próxima al pueblo, donde estuvo situada, al parecer, la antigua fortaleza. Es obra gótico-mudéjar del siglo XV, de mampostería, con una sola nave cubierta a dos aguas, cuya cabecera descansa sobre el mudo del antiguo castillo. La imagen de la Virgen titular es una talla románica de los siglos XII-XIII.
La ermita de San Antonio, también de mampostería, corresponde al siglo XVIII y consta de una sola nave que se cubre con bóveda de medio cañón y lunetos. Allí acuden los vecinos para las fiestas patronales.
Finalmente está la ermita de Loreto, de reciente construcción.
La antigua -me informan- era del siglo XVII y fue demolida porque amenazaba ruina.
¿No hubiera sido mejor restaurarla?
-El obispado alegó que carecía de presupuesto para ello.
Al parecer, la última restauración, llevada a cabo en 1883, no fue suficiente, y se produjo lo inevitable.
Con todo, el pueblo sigue su rumbo, aunque lánguidamente, y mira con esperanza el mañana. Y los vecinos sienten el lógico orgullo de contar con una espléndida iglesia parroquial y con valiosas ermitas –a pesar del lamentable destino de la de Loreto-, asó como una Casa Consistorial digna de admiración, con dos(sic) grandes vanos en la parte inferior por los que se accede al típico trinquete.
Existe el linaje de los Corbalán, familia aragonesa datada en el siglo XVII, cuyas armas heráldicas consisten en un escudo de oro con tres cabezas dispuestas en triángulo mayor.
Por último, quiero referirme a un corbalanense ilustre, del siglo XIX, Isidro de Villarroya, catedrático, historiador y poeta, autor de las siguientes obras, entre otras: “Marcilla y Segura o los Amantes de Teruel” (Valencia, 1838); “Las ruinas de Sagunto”, poema histórico en ocho cantos (Teruel, imprenta y librería de Juan García, 1845); “Baturrillo o una caravana estudiantina”, en ocho cuadros (Teruel, imprenta de Anselmo Zarzoso, 1845), e infinidad de apuntes históricos y poemas que vieron la luz pública en su época.
Corbalán tiene como anejo Casa Grande de Escriche, que fue antigua villa. Dsita siete kilómetros y tiene iglesia parroquial dedicada a San Bartolomé (siglo XVIII), obra barroca, de mampostería.
Altitud: 1.261 metros sobre el nivel del mar.
Dista de Teruel 18 kilómetros.
Gentilicio: corbalano o corbalanense.

